El otro día se quemaba una parte de la ciudad. Una parte pequeña, verde y habitada. Lo vi desde la ventana y me pareció que todo aquello estaba ocurriendo muy cerca. Cerca de mí, de la seguridad de mi casa. Y pensé: "Pues que venga hasta aquí, que se acerque este fuego, que abrase las plantas que no quieren crecer y los gusanos que viven debajo de las macetas; que devore la bicicleta de las ruedas deshinchadas, los regalos que me decepcionaron y los libros que no me leeré nunca; que acabe con el polvo que hay encima de los armarios y con la ropa que ya no me pongo, que agote de una vez los calendarios, la pastilla de jabón y los macarrones que sobraron de la cena; que se lleve los dilemas, las ventanas que no cierran bien y los yogures caducados."
Y no ocurrió nada. Claro, ¿qué coño iba a ocurrir?

